Ninguna adversidad puede poner en riesgo los tesoros del cielo


No voy a extrañar los mangos cuando es tiempo de aguacates

¿De qué me sirve el pepino si lo que tengo es tomate?

¿La vida te da limones? Bebe y vende limonada

Que se sepa, a los quejones, nunca les va bien en nada.


¿Ven todo esto que ha estado pasando?


Aunque nadie se lo llegó a imaginar, quienes oportunamente fueron receptivos a la Palabra de Dios, ya el Señor les había preparado de antemano para ello. Bien sea para afrontarlo sin miedo, o para que aún en el caso de saber la inminencia de su muerte, la sumieran en paz.


Ojalá y aquellos que ilusamente pusieron a depender su bien de lo tangible y externo, hayan despertado a la verdad de que todo eso, como efectivamente ha ocurrido, puede ser barrido de repente.


La pandemia del Covi-19 se encargó de derribar las falsas seguridades que descansaban en los títulos, cargos, rangos, posiciones y posesiones.


Lo único verdaderamente estable en esta vida es adquirir una sólida conciencia espiritual que nos lleve a priorizar desde el amor, la búsqueda de “los tesoros del cielo”, donde los virus, ni las polillas, los ladrones ni los fenómenos atmosféricos, ni las cambios políticos ni sociales, ni ninguna otra cosa en este mundo nos puedan impedir su disfrute.


Cuando la vida cumpliendo su ciclo, me ha dado un giro para mostrarme su inevitable y por fortuna pasajera estación del dolor, siempre he encontrado en Jesús, palabra encarnada, el consuelo confortante, la pericia del Doctor de los doctores.


Para el árbol, la tierra es su Dios, por eso vive arraigado en ella.


Para el pez, el océano es su todo, su Ser Supremo, su mundo, por ello nunca se separa de él.


Para el pájaro, el bosque es el Señor, así que anida y fija su residencia allí.


La tierra nunca abandona al árbol, el océano jamás traiciona al pez, y el bosque de ningún modo renuncia al pájaro.


Cuando alguien conoce al Dios Amor, Todopoderoso, Verdadero y Eterno, como el árbol en la tierra planta raíces en él, como el pez en el océano hace de él su mundo, y como pájaro en el bosque, elige ser libre y feliz anidando en su Santa Presencia.


¿Y tú, ya sabes quién es y dónde está tu tesoro, tu vida, tu mundo y tu todo?



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