Que las “distracciones roba gloria” no socaven la alegria de tu encuentro con cristo


“Alégrate, el señor está contigo” (Lc 1-28)


Tener una experiencia personal y comunitaria con Cristo, Palabra encarnada, sitúa al creyente en el fluir incesante de un río caudaloso de gozo.


Más, para que esa dicha eche raíces y alcance una profundidad tal que nunca nos pueda ser quitada, es necesario aprender a sumergirse en la experiencia crística del amor que se da, a un nivel que no admita las distracciones roba gloria de este mundo.


Esto comprende, implica y encierra una disciplina espiritual inquebrantable que nos lleve a perseverar, y a vivir centrados en el ideal supremo de la santidad.


Así que, teniendo a nuestra disposición esa avenida capaz de despertar en nosotros el espíritu alegre, cabría preguntarse entonces ¿por qué resulta tan frecuente salir a pescar por ahí tanta tristeza y melancolía?


Perdemos de vista la presencia del Señor que siempre está con nosotros, cuando caemos en la trampa sutil de los sentidos, haciéndonos apreciar la falsa percepción de que la vía correcta está en cualquier contrasentido.


Una de las más temibles plagas de este tiempo es sentirse atrapado en el oscuro abismo de la soledad, que suele ser a menudo partera de la tristeza.


Esta es la época de los “llaneros solitarios” que buscan en el ruido del mundanal y en los chats, la compañía y el verdadero amor que solo podemos hallar en el Cristo que se nos revela por medio de la Palabra, presente en la familia, en la iglesia y en la vida comunitaria.


Despertar a esta verdad y aferrarnos a ella, nos transforma y cambia radicalmente nuestra perspectiva, haciendo florecer en nuestros corazones el árbol de la esperanza, cuyos frutos son la dicha verdadera, el gozo incesante y una alegría continua.


Dichosos aquellos que encuentra su alegría en Dios, porque la misma les llega como un bien que cuanto más uso se le da, más aumenta.


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