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Cuando Perder es Ganar

October 22, 2018

Ganar y perder, perder y ganar,  es la incesante dinámica de la vida.

 

Cuando en el vientre de la madre perdemos al momento de nacer nuestra condición de feto, entramos al mundo de lo neonatal, etapa que luego dejamos atrás cuando llegamos a la infancia, la cual perdemos al entrar a la niñez, periodo que termina al arribar a la adolescencia, para luego entrar en la adultez que da paso a la ancianidad, para finalmente trascender a otro plano, donde nos espera una mejor vida.


La vida es cambio constante, renovación, conversión, renacimiento, transformación.

 

Negarse al cambio es negarse a vivir, es aferrarse a lo viejo, es cerrarle las puertas y las ventanas a la esperanza.

Si usted examina cuidadosamente su historia, es decir, si le da hacia atrás a la película de su vida, con toda seguridad que se va a encontrar con momentos, capítulos, y episodios donde usted seguramente sufrió a causa de alguna pérdida, que luego, más tarde, con el transcurrir del tiempo, no muy lejano talves, descubrió que las lágrimas de ayer abonaron el árbol frondoso del gozo de hoy.

 

Sabe por qué, porque más allá del dolor, del sufrimiento, de la tristeza, del desamparo y de la soledad, está la gracia, el amor,  y la misericordia de Dios.


"El que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará". Mt 16, 25. 


A partir de este planteamiento de Jesús, ¿cual es la vida que perdemos en contraste con la vida que ganamos?

 

La vida que perdemos no es otra cosa que la errónea y pecaminosa manera de pensar, de sentir, de ver, de hablar, y de ser que impacta de una manera devastadora todas las áreas de nuestro ser.

 

En cambio, la vida que ganamos repercute favorablemente en nuestra salud porque ciertamente Jesucristo sana, libera y nos da fortaleza, amor, comprensión y consuelo para sobrellevar cualquier situación adversa que se nos presente.

 

La vida que ganamos en Cristo impacta nuestras relaciones cuando las mismas empiezan a fluir de una manera más armoniosa.

 

Una conversión verdadera trae consigo la paciencia.

 

Observarás bajo la luz de la comprensión  a tus padres exigentes, a tus hijos rebeldes, a tu marido controlador y demandante, a tu mujer vanidosa, descuidada o celosa, a ese familiar metiche e impertinente, a tu empleado irresponsable y negligente, a tu jefe temible arbitrario e injusto, a los políticos y empresarios corruptos, y al sistema inoperante.

 

Porque al aprender a verlo todo con ojos nuevos, ejercitará tu nueva visión que te capacitará para tomar acción de una manera eficaz.

 

Cuando cambias deliberadamente tu vieja manera de vivir por la vida nueva en Cristo, el Espíritu Santo te ilumina en el manejo de tus finanzas, guiándote a vivir de una manera sencilla, y así lo poco que ganes te rendirá para mucho, porque el Señor será tu pastor y nada te faltará.

 

Cuando abandonas tu rebeldía y te sometes en obediencia a la ley de Dios, tu paz interior aumenta, aun en medio de la tormenta.


Estás en paz  no sólo por la fe que tienes en Cristo, sino porque sabes que su luz te rodea, que su amor te envuelve, que su poder te sostiene, que su presencia vela por ti, que adonde quiera que vas, y donde quiera que estas, ahí está Dios.

 

De manera que la vida que perdemos por causa de Cristo, no es más que liberación de la vieja condición, para volver a nacer en Él como criaturas nuevas, amorosas, gozosas, radiantes, y vital.

 

Finalmente, te dejo con estos versos que seguramente te ayudarán a profundizar sobre el tema.

 

El juego nunca termina para quien sabe jugar

Lo mejor viene después cuando perder es ganar.

 

De las veces que he perdido siempre he salido ganando

Es por ello que la paso todo el tiempo celebrando.

 

Las pérdidas naturales forman parte de la vida

Que nos impulsan a ir adelante y hacia arriba.

 

Perdí la seguridad del vientre en que fui formado

Y lo que gané al nacer supera lo demasiado.

 

Al inscribirme en la escuela en parte perdí mi hogar

Más lo que allí recibí con qué lo he de comparar.

 

Durante un tiempo perdí mis muelitas y mis dientes

Y mi recompensa fue dentadura permanente.

 

Junto a mi primer empleo mi libertad se esfumó  

Pero gané nuevas alas y resurgió un nuevo yo.

 

Al casarme renuncié a mí individualidad

Y con el tiempo descubro que ahora soy mucho más.

 

Envejecer es ganar experiencias, paz, y luz

Aunque se pierda el tesoro que llamamos juventud.

 

Conociendo de antemano que perder es progresar

Me preparo para el día de la pérdida final.

 

Morir es perderlo todo, las ataduras y el miedo

Para ocupar un lugar en las mansiones del cielo.

 

 

 

 

 

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