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Si me vuelvo en contra tuya me acuesto en colchón de puya

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En el Espíritu no existe tal cosa como “eso ya me lo sé.”

 

Creyendo que ya lo sabemos, con demasiada frecuencia fallamos en lo más simple y elemental al tropezar una y otra vez con la misma piedra.

 

Es por ello que si no nos mantenemos en alta vigilia, orando sin cesar y siempre de la mano de Jesús, correremos el riesgo de caer estrepitosamente víctima de “bipolaridad espiritual” para llamar de una nueva manera a esta vieja patología.

 

Lo digo por propia experiencia.

 

A veces, iluminado por la Palabra, Jesús parece convencerme de que no debo juzgar a los demás, hasta el punto de recibir su inspiración Divina para componer una canción donde como joyas preciosas salen a relucir estos versos:

 

Ya yo estoy en edad

De enojarme fácilmente

Voy a usar mi comprensión 

Para lidiar con la gente

Y en vez de seguir mirando

Sólo defectos ajenos

Voy a corregir los míos

Y a ver con el ojo bueno.

 

Pues bien, cualquiera que me escucha cantando ese tema puede llegar a pensar que en ese aspecto ya yo estoy curado pero resulta que no es así.

 

Hace a penas unos días me sentía perturbado emocionalmente, extrañaba la paz y la serenidad que casi siempre llevo conmigo y la razón era porque estaba juzgando a una persona ineludible y cercana de mi entorno familiar.

 

Así permanecí por varios días, hasta que en un momento de oración llegaron a mi mente los versos de la canción que más arriba transcribí, pedí perdón al Señor por mi falta, le entregué en oración a esa persona, y por su gracia recuperé mi paz habitual.

 

Para mi, lo fascinante y curioso de esta experiencia fue la dinámica que usó Nuestro Señor al prescribirme mi propia canción que inspirada en su Santa Palabra me diera unos diez años atrás, para sanarme así de una herida reciente.

 

¡Interesante verdad!

 

Cuando juzgamos a otros nos fastidiamos nosotros, o como dice otra de las tantas canciones que el Señor me ha regalado: 

 

Si me vuelvo en contra tuya

Me acuesto en colchón de puya

Y el bien que hago para ti

Me lo estoy haciendo a mi.

 

Pudiera ser que usted, al igual que yo, conozca a alguna persona, creyente incluso, muy bendecida en todas las áreas de su vida pero que sin embargo anda por ahí triste, mal humorada y hasta depresiva sin razones aparentes.

 

En la tendencia a juzgar, fruto de una conciencia condenatoria, pudiera estar la raíz de su amargura.

 

En teoría, sabe que no debe juzgar, lo asume como algo ya sabido, más sin embargo, no ha adquirido aún su membresía en el club de los “bienaventurados aquellos que sabiendo esas cosas y las hacen.”

 

Aprender a no juzgar, es tan sólo uno de los tantos pasitos que aprendemos a dar cuando estamos caminando con Cristo.

 

Y aunque lo hayamos aprendido, no creernos por ello que ya lo sabemos.

 

Nos conviene por tanto, volver asiduamente con toda humildad a lo básico, con  la misma curiosidad y el mismo interés de aprender como si se tratara de una asignatura nueva. Sin perder nunca de vista que solamente mientras lo estoy haciendo bien, lo sé; fuera de ahí, no lo sé.

 

Finalmente, aquí les dejo esta breve reflexión en versos sobre el tema.

 

Los peces son admirables

Los pescados apestosos

Más cocinados resultan

Nutritivos, deliciosos.


Nadie resulta impecable

En todo su proceder

Unas veces lo hará mal

Y en otras quedara bien.

 

"No juzguen para que no sean juzgados.” Mateo 7, 1

 

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