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  • Enrique Feliz

No exagero cuando digo que el Señor me ha blindado. Este es mi testimonio


Desde que mis ojos se abrieron a la comprensión del Dios amor y misericordioso, echando una mirada retrospectiva partiendo desde mi etapa prenatal (según lo que me han contado), y hasta el santo día de hoy, me aferro a la firme creencia de que la mano protectora del Padre Omnipotente se ha ocupado de mi protección y cuidado.


Una serie de situaciones y eventos por los que he tenido que pasar, revelan el grado de peligrosidad en que he tenido que afrontar la vida sin que el infortunio ni la la desgracia hayan podido tocarme.


Por razones de espacio les contaré de manera panorámica solamente algunos de los episodios de mi vida donde evidentemente fui cubierto por un blindaje invisible para que hoy pueda estar yo de pie e intacto, dando testimonio en el mundo de los vivos.


1- Mi concepción en el vientre materno se produce bajo seria advertencia médica de un inminente peligro de muerte tanto para mi madre como para la criatura que llevaba. Por la gracia de Dios, casi sesenta y cinco años después, aquí estoy yo; y mi madre que aún vive, muy pronto arribará a sus ochenta y siete.


2- Estando yo recién nacido, de manera sorpresiva se desborda el río Yaque del Sur en su paso por Tamayo, arrastrando en  su corriente todo cuando encontraba a su paso. Bajo esas temibles condiciones soy trasladado a un lugar más seguro sin sufrir daño alguno.


3- En mis años de adolescencia y juventud participo decididamente en las luchas políticas por los derechos y las libertades democráticas del pueblo, levantando mi voz en favor del movimiento obrero, estudiantil y campesino, lo que se tradujo en tenaz persecución y apresamientos en tres ocasiones, una de las cuales se produce durante un allanamiento.


Cosa extraña para aquellos años, en todos los casos mencionados salí libre de condena.

4- Para aquel tiempo el Señor se encargó de sacarme ileso de emboscadas, me hizo correr más rápido que mis perseguidores, me volvió invisible ante los ojos de los organismos criminales de inteligencia conocidos como “La Secreta”, y para que yo pudiera burlar hasta cercos policiales, tejió una red de apoyo para mis escondites y traslados, y hasta en una ocasión hizo que una bala disparada contra mi, a corta distancia, se encasquillara.


5- En una ocasión hasta se me llegó a prefabricar un falso expediente criminal, de parte de la Policía Nacional, que de haber sido sometido formalmente en los tribunales de entonces, habría sufrido una larga e injusta condena, pero el Señor obró con poder impidiendo que yo fuera apresado y por su misericordia aquel adefesio jurídico se diluyó en el tiempo.


6- De dos peligrosos accidentes de tránsito el Señor me libró de la muerte. Primero durante una volcadura muy próximo al profundo abismo de “El Número”, próximo a Azua, donde a pesar de dar varios vuelcos y quedar con los neumáticos hacia arriba, salí de allí sin un sólo rasguño. Luego, en un choque contra una patana en la Capital, sufrí a penas una fractura en mi pie derecho.


Y así, podría enumérales muchos otros casos. Más entiendo que con estos que hasta ahora les he presentado, hay razones suficiente y de sobra para creerme la promesa de que “El Señor te protegerá; de todo mal protegerá tu vida. El Señor te cuidará en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre.”  Salmos 121, 7-8


Bendito y alabado sea el Señor.

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