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  • Enrique Féliz

Como la Moringa, buena para todo. Así es el alimento de la palabra


No hubo, no ha habido, ni habrá, alimento más eficaz que la Palabra de Dios.

En la palabra de Dios no solo está todo, sino que ella lo es todo, porque él es el Verbo encarnado, es la Palabra y es el Todo.

De ahí que la palabra de Dios fortalece, da y es Vida.

“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Mateo 4, 4

Viva y poderosa es la palabra de Dios que penetra lo más profundo del alma y del espíritu, se abre paso en la carne, llega hasta la médula de los huesos e impacta hasta a los pensamientos y las intenciones del corazón.

Y no hay que ser un erudito en la materia para entenderlo porque con las miríadas de testimonios que en todas partes del mundo se han dado a cerca del extraordinario poder transformador, liberador y sanador que ella desata, no hay argumento válido alguno que lo rebata.

Tengo en mi haber como misionero, mensajero y Predicantor, las asombrosas y espectaculares experiencias de ver obrar a Dios por medio de su palabra, que despierta la acción del Espíritu Santo para sanar a veces de manera instantánea enfermedades catastróficas en grado terminal, iluminando y llenando de paz los corazones y mentes de personas perturbadas, rompiendo cadenas y ataduras de vicios, malos hábitos y de influencias del maligno, armonizando relaciones rotas por medio del amor perdonador, y hasta prosperando a algunos que antes vivieron en las regiones más oscuras de la limitación y la escasez.

Es un hecho irrefutable que por medio de toda escritura inspirada por Dios podemos reprender, corregir, instruir y capacitar para buenas obras. Y si así funciona para los otros, lo mismo puede hacer en nosotros.

En mi caso particular puedo dar testimonio de que vivo gracias a, de, por, y para la palabra.

“Tu palabra es una lámpara a mis pies y es una luz en mi camino.” Salmos 119, 105

La verdadera vida, la que se vive con dirección, con propósito y de manera íntegra, sólo es posible cuando nos deleitamos en la palabra de Dios y vivimos conforme a ella.

El alimento de la palabra infunde ánimo, seguridad, confianza y el valor que aleja el miedo. Porque si Dios es conmigo ¿quién está tan loco como para ponerse a inventar en contra mía?

“Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal? Salmo 56, 4

A diferencia del alimento que perece, la palabra de Dios a la vez que satisface y reconforta, permanece como una reserva viva y eterna, de manera que quien la sabe acoger como alimento espiritual podrá experimentar la dicha de vivir a plenitud.

Así que para decirlo en el lenguaje tecnológico muy de moda en este tiempo, la palabra de Dios funciona en nosotros como un “alimento inteligente.”

O para definirlo de un modo gracioso, más popular y llano, podemos concluir diciendo que la palabra de Dios es como “la Moringa”, que según él decir de muchos, sirve y funciona para todo.

“Deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación.” 1 Pedro 2, 2


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