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  • Enrique Feliz

Fumigar los conflictos familiares con el aerosol del espíritu


El escritor y político Inglés Sir John Bowring (1792-1872) escribió: "Una familia feliz es un paraíso anticipado."

Y ciertamente, no hay bendición más grande que respirar en una atmósfera familiar que huela a respeto, consideración, unidad, colaboración, comprensión, alegría, armonía y paz, como una derivación del amor manifiesto que se exprese libre y espontáneamente entre los parientes.

Cuando estas actitudes no afloran en el seno de la familia, la misma se convierte en una caldera infernal para todos.

Los conflictos familiares han existido siempre y ni siquiera las familias felices están exentos de ellos.

El gran reto es entonces, proceder con sabiduría para prevenirlos, y saber afrontarlos con madurez una vez que se presenten.

Fácil no es, pero imposible tampoco.

La vida familiar significa un permanente desafío que requiere también del ejercicio de la autoridad combinada con una alta dosis de paciencia, tolerancia, aceptación y perdón.

Cuando estos atributos brillan por su ausencia, estamos a la puerta de situaciones terribles y dramáticas como nos muestra la Biblia en los casos de Caín disponiendo de la vida de su hermano Abel, de Noé maldiciendo a su hijo Canaan, de Abraham expulsando a su hijo Isamael, de los gemelos Jacob y Esau separándose, de los hermanos de José vendiéndolo como esclavo, y de Absalon revelándose contra su padre el rey David.

Sin embargo, de los ejemplos antes citados, bastó la elevada actitud de uno sólo, para que muchos años después se produjera el milagro del reencuentro y la reunificación de su familia completa, gracias a la humildad y al gesto perdonador de José, hijo de Jacob.

Aunque los psicólogos y terapeutas familiares tienen el debido entrenamiento para aconsejar sabiamente a las familias en conflictos, la solución para cerrarle la puerta a las crisis en que los mismos potencialmente pudieran degenerar, está alcance de todos, y no es más que la búsqueda oportuna y sincera del Reino de Dios, ingerir sistemáticamente el alimento de la Palabra, y vivir de acuerdo a los valores que ella nos ofrece.

Los conflictos familiares se disuelven cuando son abordados desde una perspectiva evangélica; verbigracia "La parábola del hijo pródigo.

Diré aquí a modo de testimonio, que mi esposa es como "la moringa", que sirve y es buena para todo; sin embargo, hace ya unos años estuve a punto poner termino a nuestra relación, a causa de una pariente muy amada suya cuyo comportamiento hacia mi persona se había tornado intolerable, y sin que ella, pudiendo hacerlo, le pusiera freno a la situación.

Había programado ya hasta el día en que le iba a comunicar la decisión de mi rompimiento, cuando justamente la víspera de esa fecha el Señor me habló en Colosenses 3:14 "Y sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad."

Para no hacerles muy larga la historia, después de eso me casé sacramentalmente con mi mujer, y mi relación con aquella pariente suya dio un giro de 180 grados, hasta el punto de que hoy día, en su valoración hacia mi, me sitúa en el rango de la santidad.

Podría seguir aquí con "una carretilla" de palabras y frases, cargadas de tecnicismos y hasta impregnarlas con un marcado matiz poético. Pero les puedo asegurar que una sola cosa es capaz de fumigar los conflictos de nuestras familias con el aerosol del Espíritu, y esa cosa tan básica como elemental no es más que la firme determinación de vivir de acuerdo al mandamiento principal, y al segundo que es semejante al primero, lo cual entraña estar sujeto siempre y en todo momento a la regla de oro, que consiste en dar a los demás el mismo trato que nos gustaría recibir de los otros.

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