Y aquí estoy yo, 61 años después, dando frutos para Dios, a pesar de que el protocolo médico de entonces aseguraba que la semilla de mi ser no fructificaría en el vientre de mi madre, por lo que pude ser mucho menos que un no nacido, algo así como un no sembrado.

Tengo la certeza de que soy un milagro de Dios, por eso vivo no sólo para contarlo, sino también para cantarlo; más aún para alabarlo, bendecirlo y adorarlo.

Pero no siempre tuve esta alta comprensión, sino todo lo contrario. Tanto así que en el tiempo de mi inmadurez llegué hasta a negarlo durante 26 años.

Milité desde mi adolescencia en una organización de izquierda marxista leninista pensamiento Mao Tse Tung donde recibí un adoctrinamiento que negaba la existencia de Dios.

Mi Testimonio

Para aquellos años, no había nada más temerario y peligroso para un joven que eso, pues las organizaciones comunistas estaban proscritas por la ley, y el régimen político de entonces procedía con el uso extremo de la fuerza, reprimiendo con toda crueldad y crudeza a quienes eran sorprendidos participando en actividades de esa índole.

La persecución política era el pan de cada día; las carceles estaban abarrotadas de jóvenes muchos de los cuales eran torturados con saña. Cientos fueron los deportados, y miles pagaron con sus vidas la rebeldía contra el sistema.

Hoy puedo comprender que el Ángel del Señor estuvo conmigo protegiéndome del peligro, quizás porque el designio del cielo me quería vivo para esta hora.

Mientras vivía en Tamayo, mi pueblo natal, por mi condición de dirigente estudiantil la persecución en mi contra se tornaba cíclicamente tan tenaz que una vez tuve que ausentarme por dos meses "para enfriarme".

En una ocasión el comandante de la Policia local llegó a decir que al parecer yo me sabía "la oración de la culebra" (?), porque a pesar de las trampas, cercos, carreras y emboscadas, algún misterioso poder intervenía para que yo lograra escapar.

Sin embargo, al trasladarme a estudiar a la Capital para estudiar en la Universidad Autónoma de Santo Domimgo, a causa de mi itinerante canto revolucionario fui apresado una vez durante un allanamiento a la residencia donde vivía, otra durante la guerrilla de Playa Caracoles, en una ocasión el municipio de Arenoso de San Francisco de Macorís y otra en La Romana.

Era parte activa de un movimiento que procuraba tomar el poder por las armas para instaurar un régimen socialista en República Dominicana. Mi parte era básicamente concienciar, sensibilizar y animar a obreros, campesinos y estudiantes por medio del canto.

Sin embargo, llegó un tiempo en que el Señor se dispuso de manera repetida a situarme mentalmente en un escenario de guerra. Y allí estaba yo indispuesto para matar porque mi vocación era amar.

 

Esto me llevó entonces a renunciar a ese propósito, creándose en mi un vacío que años después vino a llenar Jesús con su amorosa presencia.

Pero desconociendo lo que era realmente esta iglesia, después de mucha búsqueda me congregué en Unity durante años, hasta que guiado por el Espíritu Santo me convierto al catolicismo tras una retahíla de asombrosos eventos que por asunto de espacio me resultaría imposible enumerar, tomando mi retiro de iniciación en el Centro Católico Carismático de la cuidad de New York donde residí durante diez años, y a partir del cual empiezo a echar raíces en esta iglesia, a conocerla, a amarla y a servirle a Nuestro Señor Jesucristo a través de ella.

 

Y así, quien ayer se confesaba ateo, hoy puede decir, yo creo. Antes de armas a tomar, hoy de almas a salvar. En el pasado un hombre de tiro, y en este glorioso presente un hombre de retiro.

 Padre de tres hijos adultos de mi primer matrimonio ; y casado sacramentalmente con la mujer que el Señor destinó para mí hace ya 16 años, por la gracia de Dios estoy al frente del Ministerio Católico de Arte y Comunicación, cuya labor misionera me está llevando a ofrecer en promedio unos 150 prediconciertos al año.

Enrique Feliz - Predicantor

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